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Sobre aviones y aeropuertos

Los aeropuertos son uno de los pocos lugares donde no me da pereza hacer fotos. Normalmente tienes una o dos horas muertas, y mirar tiendas no es lo mío. He pasado dos meses de un aeropuerto a otro, sin mirar las noticias ni enterarme de nada. A tomar viento la prima de riesgo, los recortes y la madre que los parió a todos. Eso sí, aterricé en Barcelona con una cierta aprensión. Seguiría existiendo el mundo tal como lo conocíamos?. Seguirían siendo válidos los euros que metí bajo el colchón?.

A los cinco minutos compruebas que todo sigue igual, para bien o para mal (normalmente para mal) . A los dos días de estar en casa, tuve una llamada para un posible trabajo con una compañía aérea. Por algún motivo, cada vez que tengo entre manos un trabajo relacionado con aviones o aeropuertos la cosa se tuerce y acaba en nada. Pasó con Iberia hace años, pasó con el Airbus A380 el año pasado y ha vuelto a pasar otra vez. Todo iba bien hasta que puse por fín la radio este fin de semana, por aquello de empezar a enterarme de lo que pasa. Y lo primero que oigo es que el trabajo se ha ido a tomar por saco.  El mío y el de 4.000 personas. Efectivamente, lo han adivinado, el trabajo era para Spanair. He vuelto a apagar la radio. Mucho tendrán que cambiar las cosas para convencerme de que vuelva a ponerla. Si ni siquiera el Barça podemos oir ya. Si lo sé no vengo.

 

Grandes avances en autorretrato

La competencia en el mundo de las cámaras digitales es feroz, y los fabricantes se esfuerzan en seducirnos con presuntas habilidades inteligentes y memeces varias que a nadie le importan un comino. Lo que de verdad necesita la gente, lo que pide a gritos el personal, es algún sistema para solucionar el problema de hacernos una foto con la parienta delante del monumento de turno. Porque está muy bien lo de saber idiomas y acercarse al primero que pasa y soltarle aquello de “esquiusmi, du yu maik me a picher”. Pero que nunca se sabe con quien te vas a topar, que lo mismo sale corriendo con la compacta, que hay mucho mangante suelto. O peor aún, que hay gente borde con muy mala idea, que te hace la foto con el culo a propósito, y encima le tienes que dar las gracias. “Thankyou pa tu madre, so mamón”. Bastantes motivos de enojo tenemos con el periplo vacacional, que si el sablazo de la comida, que si la caravana de vuelta, que si tal que si cual, para encima tener que enfadarnos porque un indocumentado no respeta la regla de los dos tercios. La feliz pareja de la foto ha echado mano de un palo de esquí roto, de esos que todos tenemos en casa y se ha montado un gadget que, si bien podría ser más elegante, no deja de ser sorprendente por su sencillez y eficacia. Me preocupé de averiguar si lo han patentado: “Du yu patenting this?” y resulta que no. Los muy pardillos van por ahí a expensas del primer listillo que les fusile la idea y se forre a tope. Los hay ingenuos

La isla del día antes

Salimos de Melbourne un jueves y llegamos a Rarotonga el miércoles anterior. Es lo que tiene cruzar la línea divisoria de las 24 horas, que ganas una bola extra, en este caso un día de regalo. Es como cuando cambian la hora y el fin de semana se alarga un poquito, sólo que en este caso es un día entero. Un lío.

Aparte de esto, las Islas Cook no tienen demasiado aliciente. Lo de los cocoteros en la playa y el agua turquesa, y todo eso, lo hemos visto mucho en las fotos de stock, y en los anuncios, de modo que al natural pues es lo mismo, pero con defectos. El mundo real siempre sale perdiendo frente al Photoshop. La gente que viaja a Estados Unidos siempre dicen que “es como en las películas”. La realidad está tan devaluada que lo mejor que podemos decir de un paisaje es “que parece una postal”. Es lógico. La realidad siempre defrauda, no tiene nada que hacer frente a una buena postal. Pues bien, el paisaje en las Cook es como una postal de esas tópicas, con palmeras y puestas de sol y playas y todo el rollo ese. Sin embargo, a los que somos de pueblo y nos regocijamos con los placeres sencillos, nos complace lo de los cocoteros y el agua turquesa, y todo eso, por más tópico que sea. Ventajas de ser simple. Disfrutas con cualquier tontería.

Se acabó 2011, qué se le va a hacer.

La celebración del fin de año en Sidney consiste en amontonar gente; a mucha gente, con la excusa de ver unos fuegos artificiales. Cuando digo mucha, quiero decir mucha. Supongo que todo forma parte de algún tipo de experimento científico apra averiguar cuántos australianos se pueden meter en un metro cuadrado sin que se colapsen y formen una estrella de neutrones. Servidor siente una fuerte aversión a las multitudes, por lo que pasé un día de grandes sufrimientos, que soporté con estoicismo pensando que debía ser por el bien de la ciencia. La parte culminante de la celebración llega a las 12 de la noche, cuando arrancan los fuegos y todos los asistentes se ponen a gritar como becerros y todo es un pandemónium de ruido y furia. No se lo pierdan.

A mí, de todo el jolgorio me interesaba el asunto de los lavabos, como es natural. Cómo solucionan en Sidney el tener a un millón y medio de vejigas trabajando a todo trapo durante todo un día?. Poniendo muchas letrinas. Eso ya lo sabíamos, de hecho el despliegue logístico es mucho más espectacular que los fuegos. Pero me gustaron especialmente los mega-camiones que aquí les presento y que pasan a formar parte del top ten de la letrina portátil por derecho propio.

 

O sea que hay un señor que puede decir, sin miedo a exagerar, que conduce un camión de mierda.

Reflexiones sobre el tiempo que pasa, y el año que se va, y todo eso, pues no. Feliz año a todos

Inodoro Dundee

Todos hemos visto Cocodrilo Dundee, y sabemos que los australianos son toscos y primitivos. Quiso el azar, o el destino -eso depende de las creencias de cada cual- llevarme al mismísimo pueblo de Dundee. Que existe, como Teruel, aunque en su mayoría está poblado por moscas feroces de gran tamaño. Aquí los retretes son toscos y primitivos, aunque prácticos y resistentes, como corresponde. Lo de inodoro es un eufemismo que no se ajusta demasiado a la realidad. entre amigos podemos prescindir de formalismos y llamarlo Cagadero Dundee.


El fin de año me pilla en un ambiente mucho más refinado y cosmopolita, concretamente en Sidney, o sea que, si pasa algo o se acaba el mundo, me voy a enterar con adelanto. Si eso ya miraré de informarles con tiempo.

Carta (con retraso) a Santa Claus

Tal vez pueda parecer extraño que mande esta petición a Santa Claus, siendo como es un símbolo del imperialismo cultural anglosajón y un lacayo del capitalismo. El caso es que los muy celtibéricos Reyes Magos se han mostrado vergonzosamente incompetentes en este tema, por lo que he decidido darle una oportunidad al señor Claus. Aparte de eso, estamos en tierra de infieles y luteranos, y según el reparto internacionalmente aceptado, esta es su jurisdicción.

Mi problema, señor Claus, es que estoy un poquito harto de carretear con la cámara arriba y abajo. La espalda ya no es lo que era, y empiezo a cansarme dtanto peso tanta réflex y tanta mandanga. He pensado que una de estas nuevas camaritas que han salido ahora me iría la mar de bien para ir de viaje. No pesan, no abultan, y la calidad es estupenda. Un chollo. Y aquí viene mi petición: sería usted tan amable de conseguirme una de estas maravillas?  Ya sé que voy con retraso, pero espero que sabrá disculparme, ya que estando de viaje la cosa siempre se complica. Lo que quiero es que usted me ahorre el follón de recorrer páginas y páginas comparando calidades de sensor, niveles de ruido y zarandajas varias, tiendas reales o virtuales comparando precios y ofertas. Antes la cosa era fácil. Ahora hay que dedicar media vida a comparar prestaciones, novedades, precios, un dolor. Es el trabajo de buscar entre millones de posibilidades lo que me abruma. si es por el dinero, yo se la pago, pero me gustaría ahorrarme el sufrimiento y el tedio que conlleva toda nueva incorporación al equipo.

Seguramente mi petición le parezca un tanto atrevida, pero somos viejos conocidos, o sea que hay una cierta confianza. Tal vez no me recuerde, pero nos vimos en la celebración de nochebuena de Whangamata, un pueblecito de la península de Coromandel. Me acerqué a usted con intención de exponerle mi caso pero en lugar de escucharme, me regaló… un caramelo! Ese truco puede que le funcione con los críos, pero conmigo no cuela. Si cree que con un puto caramelo me voy a dar por satisfecho va muy equivocado. Sepa que lo considero de todo punto inaceptable.

De hecho, ahora que lo pienso, no sé si le veo cualificado para este menester. Alguien que se viste de esa guisa y le pone de nombre Rudolph a un reno no parece estar demasiado capacitado para bucear en los entresijos de la moderna tecnología. Ni siquiera me consta que tenga usted conocimientos básicos de informática nivel usuario, y eso, amigo mío, lo descalifica para cualquier oficio un poco digno en el mundo actual. Entiendo que cuando alguien le pide una pelota o un cochecito de juguete  la cosa es sencilla, pero, cómo afronta usted una petición del tipo “Calibrador de pantalla” o “Disco duro externo”. Coge lo primero que pilla?. Se va al Media Markt y se queda con las ofertas? Le escribe al individuo en cuestión pidiendo más datos? Es eso un servicio aceptable en pleno siglo XXI? De hecho, supongo que podemos considerarnos sus clientes por más que sus servicios sean gratuitos. Se puede poner una queja, una reclamación?. Mucho me estoy temiendo que si quiero la cámara me voy a tener que apañar solo, como siempre.

En fín,  gracias por nada, señor Claus. Y aféitese la barba, que ya no estamos en los 70.

Lavabos modernistas en Kawakawa

La localidad de Kawakawa no es conocida por sus playas, ni por sus vinos, ni siquiera por ser la ciudad natal de algún banquero o algún asesino en serie. La única atracción del lugar son unos retretes falsamente modernistas que un artista alemán les hizo hará unos diez años. Tanto es así que incluso llegan autocares de jubilados, para satisfacer al mismo tiempo la curiosidad natural del turista y los apretones de la próstata propios de la edad. Encuentro la idea de lo más acertado. En vez de perpetrar mierda-rotondas, el consistorio del lugar tuvo una feliz idea que demuestra que el arte no está reñido con el sentido práctico. Y nada hay más práctico que unos lavabos públicos por muy modernistas que sean.

Por cierto, mañana nos vamos para Australia. A ver qué tal serán.

No hay retretes en Mordor

Esa montaña de la foto es el Tongariro. Un volcán que sirvió de decorado para ambientar Mordor. Para aquellos que no conozcan El Señor de los Anillos, aclarar que Mordor era el sitio donde vivían los malos. Un lugar siniestro que era el domicilio habitual de Sauron, un tipo bastante borde, y estaba lleno de Orcos, que venían a ser a la Tierra Media lo que sería hoy día Standard and Poors, pero sin disimulos ni zarandajas. Serían brutos, pero no engañaban.
Los Orcos eran grandes, zafios y peludos, y eran muchos. Viendo tanto personal uno se preguntaba dónde hacían sus cosas. Porque la película no decía nada del tema, pero ya se sabe: “caga el rey, caga el Papa, etc”  En vano he recorrido los alrededores buscando una auténtica letrina de Mordor. Sin éxito. Y mira que me hacía ilusión. La vida está llena de estos pequeños reveses que debemos afrontar con caballerosidad y espíritu deportivo.

Visiones de Nueva Zelanda

Qué sabemos de Nueva Zelanda? Poca cosa. Que es el sitio de donde vienen los kiwis, que la navidad cae en verano y que el agua del lavabo gira al revés. Aparte de eso, Nueva Zelanda es conocida por ser el lugar donde se rodaron películas míticas como Ovejas Asesinas y Tu madre se ha comido a mi perro, ambas de Peter Jackson, que luego rodó aquí también El Señor de los Anillos, aunque ni punto de comparación.
Para nuestro proyecto, más que lo del agua girando al revés, era de vital importancia experimentar con el uso del retrete cabeza abajo. No entraremos en detalles, pero puedo afirmar que la experiencia, satisfactoria en todos los sentidos, no deja de ser un tanto decepcionante por cuanto no difiere en nada de lo que ya conocíamos. Que es más de lo mismo, en resumen. Venga usted hasta las antípodas para esto.

Féliz váter nuevo

Se acerca la navidad, esa época en que la gente se regala cosas y los centros comerciales ponen espumillón y villancicos por la megafonía.  Si no sabes qué regalar a tu pareja, puedes sorprenderla regalándole un váter. Un regalo con verdadero espíritu navideño. Una sorpresa que le proporcionará incontables momentos de placer durante mucho tiempo. Los japoneses lo saben y exhiben con mimo el producto. Nos llevan años de ventaja.